17 diciembre 2015

El ratoncito Pérez

  Mi sobrina perdió un diente de leche esta semana. El mismo día una amiguita suya también, de modo que aquella noche debió ser muy atareada para el ratoncito Pérez. Quizá ser un ratón, llamarse Pérez y dedicarse a llevarse los dientes de leche que a los infantes se le acaban de caer no parece una tarea de enjundia. Sin embargo, el roedor recompensa por una pérdida importante que todos los niños intuyen. El camino del tiempo y del crecimiento irreversible. Dicho en términos manidamente poéticos, la senda que nunca más se ha de volver a pisar.

  El ratoncito Pérez se dedica en España y en muchos países de Iberoamérica a recoger por la noche los dientes de leche dejando a cambio regalos. Pérez llega sigiloso, se lleva el diente y no solo deja un presente, también muchas veces una nota o incluso una carta. No se sabe muy bien lo que hace el ratoncito Pérez con los dientes de los niños. Todas las hipótesis están abiertas, desde que esté construyendo una réplica en marfil del Templo de Salomón, hasta que sean su alimento, una vez condimentado con un queso mágico cuya fórmula, solo conocida por los hijos de los Pérez, transformaría de modo alquímico el diente en ambrosía ratonil.

  El ratoncito Pérez puede parecer un actor secundario, especialmente si lo comparamos con otros personajes del sector como (Santa Claus "aka Papá Noel") y los camelleros autodeminados #reyes@magos. Sus regalos son modestos, sus apariciones esporádicas en virtud de las circunstancias. Si buscamos en la Wikipedia sus referencias no son abundantes, pero demostraré a continuación que no solo no tiene que envidiar a los demás sino que incluso les aventaja. 

  1. Actúa por propia iniciativa. Al ratoncito Pérez no hay que escribirle cartas, burofaxes, correos electrónicos o invocarle mediante indirectas. Simplemente se deja el diente en un lugar apropiado cerca de la cama y Pérez acude. De modo que Pérez actúa como el cariño verdadero, que no hay que reclamarlo, exigirlo ni incitarlo, sino que aparece espontáneamente en el momento oportuno, sin reclamar alabanzas ni reconocimientos. Sin pedir cuentas, como hacen otros. El cariño del Ratoncito Pérez es incondicional.
  2. El placer de las cosas sencillas. Cuando se tienen cinco años lo mejor de un regalo es la caja que lo contiene. El regalo puede ser cualquier cosa. Un camión, una portería de fútbol, un plató de televisión, una montaña... Los regalos de Pérez son modestos pero siempre mágicos. 
  3. No corrompido por la industria. Porque nunca se sabe cuándo viene Pérez y puede venir en cualquier momento. Porque sus obsequios son humildes, nunca ha tenido especial interés para el comercio ni la industria. Pérez es un freelance. Va a su bola entre su ratonera y la habitación de los niños. Papá Noel debe el color rojo de su indumentaria a la Coca-Cola. Con eso está dicho todo. En cuanto a los Reyes Magos, me siento incapaz de criticarlos, pero no podemos soslayar que no dejan de ser una monarquía. Como el personaje antes mencionado realizan su actividad con la ayuda de un ejército de pajes, sirvientes y asistentes anónimos. Además exigen un certificado familiar de comportamiento de buena conducta y requieren un procedimiento administrativo para gozar de sus prebendas. ¿Alguien ha pedido un abrazo o un beso por carta?
  4. ¡Pérez escribe! Noel es seguramente analfabeto o al menos ágrafo. Los Reyes se dedican a leer. El "Caga Tió" catalán se dedica a cagar regalos, y con eso está dicho todo sobre su formación. En cambio Pérez tiende a escribir y también a dibujar. Notas simples y tiernas ilustrado con alguna estrella, una nube, un caramelo o una tarta... Cuando uno está empezando a leer no hay nada más divertido que intentar descifrar el significado de cada letra. Algunos seguimos hasta el final. 
  5. Ilusión o impostor. Ya sabemos que el desencanto es la cara oscura de la ilusión. Si uno es un ingenuo la ignora y si es descreído se desencanta antes incluso de encantarse. Ser descreído está bien si tienes un buen puesto en una universidad o cobras los royalties suficiente. Fuera de esos supuestos las autoridades sanitarias y tus amigos íntimos lo desaconsejan. Frente al pesimismo de la razón el optimismo de la voluntad decía Gramsci. Decidimos ilusionarnos, aunque tan pronto como venga la esperanza descubramos que las cosas no son como pensábamos. ¿Y qué? Puede merecer la pena o quizá no nos queda más remedio, está en nuestra naturaleza. Quienes nos ilusionan, nos poseen; y por esa razón es una poderosa herramienta política. 



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