02 enero 2016

¿Por qué gustan tanto los disparates de los clérigos?

  Lo acabo de leer en la prensa. Muchos amigos no han dudado compartir la noticia en Facebook y por supuesto han hecho el pertinente comentario sarcástico. El tele-evangelista estadounidense Kenneth Copeland ha declarado que "necesita viajar en jet privado porque los demonios viajan en los aviones comerciales". Antes de todo, dos dudas debo despejar. ¿Será en honor a este señor que muchos españoles quieran llamar a sus hijos Kenneth? Segunda. ¿Es la excusa más peregrina jamás contada desde que el suegro de Granados atribuyera la presencia en su casa de un millón de euros en metálico a la visita "de algún fontanero o de alguien del Ikea"?

  Antes de llegar al chiste fácil seguido del comentario moralizante de los últimos párrafos hagamos un poco de sangre, perdón, quería decir... profundicemos en la materia. Dice el reverendo (porque supongo que será al menos reverendo) Copeland que uno no puede levantarse en un vuelo comercial y clamar: ¿Qué es lo que me estás diciendo, Señor? ¿No? ¿Sí? No puedes porque el tipo del asiento de al lado te estaría interrumpiendo y exclamando ¡Qué puñetas está haciendo este tipo! En este punto hay que señalar que el revendo Copeland no parace conocer Ryan Air. En sus aviones se puede hacer eso y más (siempre que compres algo a la azafata), aunque sin duda dicha experiencia no haría más que confirmar que los demonios viajan en lineas comerciales, sobre todo si van de fiesta a Benidorm.

  Si el reverendo Copeland tomara su jet privado rumbo a España podría entrevistarse y tomar unas tapas y un buen vino (si su religión no se lo prohíbe) con don Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, quien en su pastoral colgada en Youtube llamada "Familia y Navidad" el pasado mes calificó a la fecundación in vitro de "aquelarre químico" por romper la armonía de la creación. No hace falta decir la repercusión de estas manifestaciones en todos los medios nacionales. De hecho, el obispo Demetrio es un buen proveedor de este tipo de jugoso material, y lo sabes, como diría Julio Iglesias. Durante el pasado año también denunció un siniestro plan de la Unesco para hacer homosexual a la mitad de la población. Debo añadir que si eso es así, debo protestar por no haber podido acogerme al plan y seguir siendo desdichadamente hetero. Ya sé que están pensando que en todas las casas cuecen habas y mientras unos tienen peroles, otros tienen calderos industriales. A esos no conviene citarlos, porque ya todos los tenemos en mente.

  Se podría llenar un blog entero con este tipo de comentarios. Sin embargo cabe preguntarse por qué tienen tanta repercusión. A fin de cuentas el obispo de Córdoba no representa ni siquiera a la Iglesia española, y no deja de ser su opinión particular por muy obispo que sea. Yo, como la mayoría de ustedes, no conocía de nada a ese tal Copeland, como tampoco sé quién es el de la diócesis del obispado Orihuela-Alicante. Es cierto que las ideas de ciertos clérigos podrían considerarse en otro contexto meras bromas, por lo absurdo de su contenido, pero eso no justifica la popularidad con que son acogidas sus declaraciones.

  De acuerdo con el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el 69,3% de la población española se declara católica, pero de ellos tan solo el 13,7% es practicante habitual. Además este concepto se aplica con laxitud. Se considera practicante habitual ir a misa una vez por semana, por tanto es un requisito menor que para ser considerado, por ejemplo, practicante habitual de pádel. Los anticonceptivos o el divorcio no son materia de controversia en la sociedad, y tampoco el aborto, como quedó de relieve en la abortada reforma que un ministro del PP quiso realizar la pasada legislatura.

  ¿Por qué entonces tienen tanto eco sus declaraciones y también sus disparates? Quizá porque en las sociedades profundamente secularizadas todavía permanece una atracción, si se quiere a veces morbosa, sobre las instituciones que dicen ser guardianas de lo sagrado y lo trascendental. Un reciente artículo en El País, del que yo no he copiado el título sino que más bien le hago un homenaje, señalaba la afición, no solo en España, de ilustrar las jornadas electorales con fotos de monjas (mejor que curas) votando.

  Si al final nos resulta tan llamativo no es porque pensemos que la influencia del obispo de Córdoba es tal que su pensamiento puede influir en millones de católicos en el mundo. Pero si no importaran nada, las ignoraríamos. De alguna forma sigue interesando vivamente, como a algunos les puede interesar qué hace ahora su ex pareja, si abre un mesón o tiene un esguince después de caerse esquiando. 

  De la misma forma que se hacen grandes alharacas por los disparates también existe el efecto contrario. Es lo bueno de la religión, que basada en historias y parábolas igual vale para un roto que para un descosido. Por ejemplo, el Arzobispo de Canterbury ha afirmado que "Jesús era un refugiado". Mensaje efectivo y bonito, soslayando la falacia que supone aplicar conceptos  jurídicos posteriores a hechos anteriores.

Cuando el papa Francisco dice que se puede ser bueno y no creyente, cuando protesta por la desigualdad en el mundo o insta a proteger el medio ambiente, sus declaraciones son recibidas a veces hasta con júbilo por personas que se declaran no católicas e incluso no creyentes. Muchas de estas manifestaciones de ser pronunciadas por mí, por el Conseller de Servicios Sociales del Gobierno Balear o por un Dj, serían consideradas obviedades, pero dichas por el Santo Padre descubren al tiempo la rueda y el chip. El mismo que permite hacer los aquelarres químicos. Nietzsche nos anunció que Dios había muerto, pero ni sus funcionarios ni el público en general estamos, al parecer, preparados para admitirlo del todo.



El humor está aquí, en alguna parte
Síguenos en Facebook y Twitter

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Gracias por tu comentario!