19 enero 2016

Entre el odio y el desprecio

  Durante la campaña electoral varios diarios publicaron un interesante juego llamado algo así como ¿de qué partido es realmente usted? La prueba consistía en rellenar un cuestionario de preguntas políticas. Al concluir, el programa informático te decía la compatibilidad de tus respuestas con los diferentes partidos políticos. Aunque siempre me he tenido por un tipo con ideas poco claras sobre la vida pero prístinas sobre la política, participé en el juego con un poco de aprensión. ¿Y si resulta que mis respuestas demuestran que realmente mis ideas están más próximas a los partidos que aborrezco? ¿Y si no soy lo que creía ser? He conocido más de uno y más de dos individuos cuyas opiniones no se correspondían en nada con la identidad política que proclamaban. "Derechistas" de tendencias casi anarquistas e "izquierdistas" con ideas francamente conservadoras.

  Javier Cercas publicaba el pasado día 17 de enero un artículo en el diario El País, titulado "El sueño de maquiavelo", que comenzaba así: "Soy de izquierdas. Siempre lo fui y es probable que siempre lo sea, porque, por mucho que uno quiera, a los 53 años ya no se cambia. Más vale aceptar que no estoy de moda: hoy, si uno es joven, lo que mola es decir que izquierda y derecha no existen (...). Lo cierto es que yo sigo creyendo en la utilidad de distinguir entre la izquierda y la derecha, como en la de distinguir entre norte y sur, y que, si algún día voto a la derecha, me saldrán ronchas por todas partes, incluido el culo". 

  Sin embargo el artículo, que habla de la desconfianza que le produce Podemos (tanto por sus cambios de criterio como por su moralismo —supongo que más bien se refería a moralina) concluía así: "En el fondo, por una vez, no se trata de derecha o izquierda".

  A mi me pasa en parte lo que a Cercas (sí amigos, tanto a los sabios como a los bufones si nos pinchan también sangramos). Desconfío de los que proclaman de nuevo que la separación de izquierdas y derechas ha desaparecido. No es aventurado decir que quien niega dicha diferencia o simplemente se declara "apolítico" es invariablemente "de derechas". ¿Acaso no es el principio que establecía el Fuero de los epañoles: familia, municipio y sindicato?

  Y sin embargo el mundo es tan cambiante que no existen respuestas de manual de izquierdas o derechas para muchos asuntos. En especial es útil para posicionarse, saber qué piensa el otro, para así sostener la postura contraria. A la derecha y a la izquierda les gusta azuzarse a costa de Venezuela, como lo antes lo fue con Cuba. ¿Pero acaso la falta de debate sobre Siria no se debe a que ninguna de las posiciones políticas reconoce a los beligerantes como "uno de los nuestros"? Si hubiera sido una diputada popular la que hubiera llevado a su bebé al Congreso, ¿las posturas expresadas hubieran sido las mismas?

  Da la sensación que en ocasiones la diferencia entre la izquierda y la derecha no estriba en los diferentes puntos de vista políticos sobre las cosas, sino más bien en una actitud frente al oponente. Y en ese terreno sí es fácil identificar a cada uno, porque, en mi opinión, lo que define a la derecha al menos en España es el odio y a la izquierda es el desprecio.


  • La izquierda se ve a si misma como depositaria de valores morales que la derecha (individualista e insolidaria) no posee. La izquierda es "progresista" en cuanto que la derecha es "conservadora". La izquierda aspira a transformar el mundo, y pocas dudas hay de que el mundo es en general cruel e injusto. De modo que para la izquierda el pensamiento de derecha solo se explica desde dos puntos de vista: desde el cinismo (de los poderosos que defienden sus intereses a costa de los de la inmensa mayoría) o desde la ignorancia (la alienación que hace a uno creer que sus intereses son realmente los del patrón y no los del explotado). Yo mismo escribí un artículo en el que sostenía ideas similares.
  • La derecha no hace hincapié en la ignorancia del otro. Lo hace en su maldad. Les encanta subrayar la hipocresía de la izquierda. El izquierdista es un fracasado (piojoso, hippy, perroflauta) o aún peor, si se trata de un triunfador social, será un impostor. Detesta a los primeros pero maldice a los segundos (Bardem, grupo de la ceja, privilegiados que vais dando monsergas, ojalá os pudráis en el infierno...). Una diputada del PP llegó a decir que "nunca perdonaría" que Carmena hubiera quitado el sueño de los Reyes Magos a su niña... ¿Y cuando la izquierda aspira al poder? Son usurpadores. Lean lo que dice Mariano Rajoy. Elijan entre el caos o yo. 

  No se puede ser rico sin ser un sinvergüenza, dicen unos. Nunca os lo perdonaré, dicen otros. ¿Compensa? ¿Qué hay de la igualdad, la libertad y la fraternidad? Libertad también para pensar diferente, por supuesto. Tiene riesgos, claro. Si uno se atreve a pensar, con el riesgo que supone  pensar incluso disparates, puede que sí.


El humor está aquí, en alguna parte
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6 comentarios:

  1. Es un esquema simplista, pero en eso consiste ahora la política, y de firma más general, la capacidad de análisis de la mayoría.

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  2. Leí el artículo de Javier Cercas y me pareció tan acertado que hasta le envié el enlace a un amigo votante de Podemos, esos señores que a mí al menos me han desilusionado totalmente, suponiendo que hubieran llegado a ilusionarme algo (que no). No hay día en que no me despierte esperando que todo haya sido un mal sueño y yo en realidad no sea español, sino holandés o algo así.

    La derecha cañí y la pretendida izquierda están dando tal espectáculo que dan ganas de comprarse un agujero y meterse dentro para no asomar la cabeza nunca más.

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Veremos qué es lo que sucede. Tiempo al tiempo.

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  3. Me parece muy atinada tu observación cuando afirmas que el odio define a la derecha y el desprecio a la izquierda. En cualquier caso, la realidad ofrece casos muy peculiares. Por ejemplo, uno tiende a pensar que la gente de izquierdas son más progresistas en cuestiones de orden digamos moral y luego resulta que son los más conservadores e intransigentes. Cierto es que la gente de derechas es más licenciosa consigo mismo que con los demás.

    Opino que partidos como Podemos o la CUP tienen algunos planteamientos poco realistas, incluso preocupantes. Y, no voy a ocultarlo, suelo votar a las derechas (no a la extrema derecha, léase por ejemplo Partido Popular) pero comprendo e incluso celebro, por contradictorio que pueda parecer, el cambio en el panorama político. Además, yo ya tengo cierta edad y el futuro pertenece a los jóvenes. De derechas o de izquierdas, el cambio es hoy absolutamente necesario, vista la situación de corrupción generalizada, egoísmo de los gobernantes y los gobernados y la falta de horizontes.

    Saludos.

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    1. Muchas gracias Ricard, una vez más, por tus comentarios. Estoy especialmente de acuerdo con lo que dices, con muy buen tino, en tu primer párrafo.

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