01 febrero 2016

Tanto gilipollas y tan pocas balas

  El pasado fin de semana se celebró en Madrid el Festival Internacional de Cine Cutre (Cutrecon). Mi falsa crónica del festival, de la que no he visto ni una sola cinta, es la siguiente. El Cutrecon se reivindica un año más como un referente mundial del cine más cutre, salchichero y chapucero. Amantes del género de todas las edades, nacionalidades, colores y diagnósticos psicológicos se dieron cita en masa/pizza en los cines donde se realizaban las proyecciones; no salieron decepcionados. Efectos especiales zarrapastrosos, montajes imposibles, sonidos no sincronizados y diálogos de vergüenza hicieron las delicias de los cutrecinéfilos. Esta edición se dedicó principalmente a mostrar el peor cine policíaco de todos los tiempos. Felicidades a los organizadores y enhorabuena a los premiados (si los hubiere).

  Mi entrada en el mundo del cine cutre es tardía. He tragado bastante cine iraní y cuando era adolescente creí que me gustaba Paris Texas y El cielo sobre Berlín. Creo que no entendí ninguna de las dos y sospecho que sigo sin entenderlas, aunque francamente querida, me importa un bledo. Luego llegó "Qué grande es el cine" de Garci. De las secuelas que me ha dejado ese programa todavía no me he recuperado. Mis síntomas están ahí. Palpitaciones con "Centauros del desierto". Sudores fríos con "La ventana indiscreta". Fiebre con "Horizontes de grandeza", tos seca con "Ordet". Con estos antecedentes quería ser más Torres-Dulce que un experto en cine cutre. Pero acabar siendo una especie cutre de Torres-Dulce al final lleva las aguas a su cauce, por así decirlo y llevándome tardíamente a las procelosas aguas del mejor peor cine.

  Pero antes de seguir con el asunto y antes de que la fiscalía actúe de oficio contra mí, debo aclarar que el título de esta entrada es un homenaje a uno de los personajes de culto del cine cutre de todos los tiempos: Ford Fairlane, un detective privado, chulo y arruinado que trabaja para las estrellas de la música de Hollywood. La fascinación de este cine no solo hay que buscarla en los gintonics que se pueden ingerir durante la proyección. Como el buen cine cutre, la película coge un género, lo manosea, hace un tirabuzón, entra en bucle y el resultado es esta delicatessen para paladares exigentes.

  Sin embargo yo tengo más debilidad por las películas de Michael Dudikoff, y especialmente por su saga de héroe ninja, en la que se enfrenta a los enemigos habituales en sus formas de narcotraficantes y agentes extranjeros, pero también a una trama de corrupción en el seno de las mismísimas fuerzas armadas. ¿Un "podemita" avant la lettre?

  Escuchando a personas más especializadas en el cine cutre observo que puede llegarse a la excelencia de la decadencia mediante dos formas. Una es crear un argumento imposible que te lleve del terror, el suspense o la acción a la carcajada. La segunda, no incompatible con la primera, consiste hacer todo lo posible para que la película sea todo lo deficiente que sea posible desde el punto de vista artístico y técnico.

  La saga Sharknado, una de las joyas recientes de la serie B, sería un buen ejemplo de la primera opción. Un tornado esparce un montón de tiburones por Los Angeles y comienzan a merendarse a sus habitantes. Se retuerce el argumento, como haría Ferrán Adriá con una de sus creaciones, hasta obtener un producto de resultado indescifrable, con sabor a terror y carcajada. 

  Aunque el gusto por lo cutre no es ni mucho menos exclusivo de los españoles, hay en el público y en los creadores locales un gusto muy acusado por lo satírico en su vertiente de lo cochambroso, en su doble naturaleza material y moral. El mismo Don Quijote es un personaje patético que monta un jamelgo famélico y que se mete en embrollos ridículos. Valle-Inclán hizo del esperpento un género en sí mismo. Max Estrella podía vivir en cualquiera de los pisos de 13 la Rue del Percebe. La versión rural de ese inmueble está retratada en "Amanece que no es poco", una película venerada por millones de seguidores, pero cuya calidad la descalifica para entrar en el olimpo extravagante del cine cutre, donde ya moraba Jess Franco, Ozores y otros grandes nombres del cine español. 

Mis respetos para ellos. Seguiremos en lo que podamos su ejemplo. Seguiremos informando.


El humor está aquí, en alguna parte
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