25 febrero 2016

La participación de los oyentes

  La semana pasada murió Umberto Eco. Eso ya lo sabían. 


  Para mí, como para usted, o algunos de ustedes, Umberto Eco es uno de mis escritores favoritos. De Eco me gustaba todo, incluso el nombre, ese Umberto sin h que sabe a Italia, a campos de Lombardía y lasaña recién sacada del horno. Los italianos son así. Su Estado es un desastre y han tenido de Primeros Ministros a mafiosos y hasta a Berlusconi, al que tanto detestaba Eco. Durante siglos y siglos ni siquiera tuvieron país. Pero cuando los alemanes dicen Mozart, ellos dicen Verdi. Cuando los ingleses dicen Newton ellos dicen Leonardo. Cuando los españoles dicen Velázquez, ellos Miguel Ángel. ¿James Watt? Marconi. ¿Hitchcock? Visconti. ¿Jack el Destripador? ¿De verdad quiere competir en el campo de la criminalidad? Y además tienen a Eco.

  Lo que tengo que decir de Eco no es muy interesante. Lo voy a hacer de todas formas y será como una de esas secciones odiosas de ciertos programas de radio y de la prensa que son las participaciones de los oyentes. Los oyentes son en general idiotas y se nota mucho que los periodistas tienen que aguantarse las ganas de mandarles a tomar viento fresco. Cuando quieren contar algo hacen como yo, dan vueltas y vueltas y no van al grano. Si tardan en arrancar más desesperante es lo que tardan en despedirse. Hay que dar las gracias al programa, hay que saludar a la familia, a los amigos, al novio, al barman favorito...¡Pelmazos!

  Quiero hablar de Umberto Eco. Recuerdo cuando leí El Nombre de la Rosa. Me encantó la mezcla de erudición, la asombrosa recreación de la abadía y la labor detectivesca de Guillermo de Baskerville. ¿Algo más? Yo conocí esa novela recién aparecida. Mi tío Eduardo, siempre a la caza de las novedades librescas, nos mandó el ejemplar de la editorial Lumen. Poco después me leí Apocalípticos e Integrados e intenté entender Obra Abierta. ¿Algo más?

  El péndulo de Foucault me resultó un poco dura (como a todos) pero el que me volvió a reencontrar con el escritor que me emocionó fue El cementerio de Praga. Siempre me han gustado los farsantes, las dobles vidas, los impostores. Dar con ellos en la vida real es una tortura pero en la ficción son una perita en dulce. He llegado a regalar la edición facsímil de la obra de Taxil. 

  Y es todo lo que tengo que decir de Eco. La llamada del oyente. Decir lo que todo el mundo sabe. ¿Puedo saludar? Os doy las gracias por leer el blog y saludo a mi madre que me estará leyendo.

  A Eco, por lo visto, no le gustaba España. ¿A qué hora acaba una comida en este país? Me lo imagino aguantando las sobremesas interminables de café y chupitos con el catedrático de tal y el académico de cual. Él debía estar deseando hacer como Guillermo, como Borges, ir a investigar en la biblioteca universal. Hay tanto por saber y por estudiar y tan poco tiempo. Yo lo comprendo. Incluso para mí, nativo ibérico, se me hacen eternas algunas sobremesas. ¿Es que no traen nunca la cuenta? Eco decía que trabajaba y que luego se dedicaba a escribir novelas. Un sobrado. ¿Pero cómo no serlo con ese saber enciclopédico? Si hubiera sido físico habría sido Einstein, si cineasta Kubrick y si guerrillero, el Che. Hay gente que es así. A los demás mortales nos toca pelearnos toda la vida con la lista de verbos irregulares del inglés. To put, put, put. To Come came, come...

  Me quejo de la radio, pero podría ser peor, podría ser la prensa. Uno de cada cuatro comentarios es un insulto, un borde, un cantamañanas que te perdona la vida. ¿Serán los mismos tipos los melosos que llaman a la radio y los que luego despellejan al prójimo en el anonimato de las redes sociales?

  ¿Por qué se da la voz a los lectores? ¿Por qué se deja que se publiquen blogs como este? ¿Para hacerse los democráticos? ¿Para llenar horas y páginas? ¿Un baño de autoestima de la profesión periodística?

¿Qué más puedo decir? Que me gustaba mucho, y que es una gran pérdida. 




El humor está aquí, en alguna parte
Síguenos en Facebook y Twitter

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

¡Gracias por tu comentario!