13 febrero 2016

Malditas bastardas

  "Las líneas rojas". "El balón está en su tejado". "Hay que hacerlo sí o sí...". Malditas frases bastardas. Malditas seáis por las frases de las frases para siempre jamás. Aburrís. Confundís. Irritáis. Sois un fastidio. El reguetón de la conversación: estridente y vacío. Hacéis de la conversación un parloteo vacío. Pero no la cháchara divertida del borracho, la chisposa conversación errante de las comadres.

  Son, sobre todo, el vacío y peligroso lenguaje del poder, 
que se apodera de la calle y de las mentes de las personas de bien.

  "Las líneas rojas". Es la frase favorita de los políticos españoles que se está filtrando como la mancha que deja una bajante rota en el techo del cuarto de baño. Como todo lo que suelen decir los políticos y otros nigromantes, comparte una doble naturaleza relamida y antipática. Curioso que se ha puesto de moda en una época cuando más necesario es pactar,  llegar a acuerdos, intentar comprender qué es lo que nos une y no lo que nos separa (que suene la música melosa). Se supone que quiere expresar aquellas posiciones que son irrenunciables. Curioso que se muestren tan quisquillosos cuando pertenecen al gremio de Groucho Marx: estos son mis principios, si no les gustan tengo otros.

  Como metáfora "las líneas rojas" es especialmente irritante. Es a la semántica lo que la bolsa de procesionaria a los pinos. Se traza en el suelo una línea y se dice que a partir de allí no entrará nada ni nadie. Se supone que el parlante que emite esa declaración de intenciones debe ser visto como el zoquete intransigente que es. El bélico cabeza cuadrada que no va a dejarse convencer en el primer plato, el segundo y solo está dispuesto a negociar el postre y el café. ¿Por qué roja? ¿Por la sangre vertida por los idiotas que pueden osar traspasarla o por la de los que van a defenderla? ¿El rojo del bolígrafo bic con el que se corrigen las faltas de ortografía, los ejercicios mal realizados, la ecuaciones que no fueron resueltas?

  Toda esta teatralización para que luego las líneas rojas que pusimos aquí las levantemos como si fueran una alfombra y las colocamos acullá. ¿Y por qué? Porque había que hacerlo "sí o sí".

  De la misma familia que las líneas rojas, sí o sí comparte la naturaleza cursi con la inflexible actitud del más cerril habitante de la Comunidad de Propietarios. Sí o sí. No basta un sí, hay que hacer una ingeniosa y falsa disyuntiva. Yes or yes, oui o oui. El "por cojones" de las mamás y papás del Ampa llevado al Congreso de los Diputados. Como la línea roja, el "sí o sí" puede ser "tal vez", "quizá", "ya veremos" e incluso "nunca-que-antes-me-parta-un-rayo".

  Pero mientras debamos hacerlo "la pelota estará en nuestro tejado". ¿Cuantas pelotas hay? ¿Y tejados? Se ha puesto de moda para decir que nos toca, que es nuestro turno, nuestra responsabilidad. Si por los demás fuera no tendríamos tanto tejado para tantas pelotas. Esta bastarda frase es prima hermana de todas aquellas de filiación futbolística. "Hay partido" para decir que todavía el resultado no está decidido. "Partido a partido" para decir que hay que ir paso a paso, o la peor de todas. La más usada manoseada. ¿La han adivinado? Les concedo unos segundos. Seguro que ya la saben. Tres, dos, uno.... ¡Correcto! ¡Tirar balones fuera!

Partido A: Estas son las líneas rojas.


Partido B: La pelota está en su tejado.


Partido C: Que dejen de tirar balones fuera.


Partido D: Todavía hay partido.


Partido A: No vamos a traspasar nuestras líneas rojas.

  Ya habrán adivinado que mi santa indignación, mis líneas rojas respecto a este nuevo lenguaje del poder, no es solo una cuestión estética. No es solo que se trate de un soniquete ramplón, que arteramente trata de escatimarnos la chicha del debate evitando llamar al pan, pan y al vino, vino. Es que sospecho influye en el pensamiento de quienes lo dicen. De tanto contagiar se contagian y ellos mismos acaban creyendo que los criterios están rodeados de líneas y que no se puede hacer nada hasta que alguien se decida a subir al tejado y coger la pelota para que los niños sigan jugando. Aunque ¿cuántos balones no han quedado para siempre colgados de un árbol, encima del porche?




El humor está aquí, en alguna parte
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2 comentarios:

  1. !Pero qué suerte tener dos artículos tan seguidos! Me gustó la comparación con el reguetón de-género que detesto. Un saludo

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  2. Hace tiempo que sostengo que la falta de conocimiento de una gran mayoría y en especial el desconocimiento del lenguaje, hace que se tienda a hablar con lo que yo llamo el lenguaje-lego, es decir, se van empalmando frases imágenes para no decir nada y marear con tantas frases hechas que no son sólo las que cita, sino "dar otra vuelta de tuerca", "pasar página", "como no podía ser de otra manera", "poner en valor", "hacer los deberes", etc. Parece que da miedo lanzar una frase que no use tópicos generalizados.

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