30 marzo 2016

Cumpleaños

  Mario Vargas Llosa, Amancio Ortega y mi madre nacieron el mismo día. No me sería difícil demostrar que si ustedes tuvieran que conocer a una de esas tres personas se decantarían por mi madre, como saben los que la conocen. Pero el proselitismo no es el propósito de este blog. En cambio sí lo son los cumpleaños. Del de Amancio Ortega no se ha dicho nada, como es de esperar de un multimillonario que, como los ricos de verdad, huye de la fama y lleva una existencia semiclandestina. 

  Del cumpleaños de mi madre baste decir que lo pasamos en familia, zampando judiones de La Granja de San Ildefonso y paseando por los jardines del Palacio. El cumpleaños del que trata el blog es del premio Nobel de literatura. La prensa ha publicado todos los detalles. La prensa "seria" se ha permitido por un rato jugar a los cotilleos con el pretexto de que los personajes son literatos, políticos en activo o en la reserva activa y otros gerifaltes de todos los ámbitos, más Isabel Preysler, que es la Messi de la seducción. 

  Decía Isaac Bashevis Singer que su escritor preferido era León Tolstói, pero que si hubiera vivido a tres manzanas de su casa no habría hecho el menor intento por visitarlo. La distancia entre los autores puede en ocasiones medirse en años luz. Si uno toma en consideración las opiniones (y experimentos) políticos no puede creer que sea la misma persona que escribió "La fiesta del Chivo" (2000) o "Conversación en La Catedral" (1969) . 

  Como acostumbro a tener hipótesis para todo, menos para como hacer un buen arroz que no sea ni duro ni pasado, expondré mi punto de vista sobre los escritores (los artistas en general) y la política. No hay que tomar en serio lo que digan. Los escritores están en su mundo, poblado de personajes. Su diálogo mental nunca cesa y si no lo pusieran negro sobre blanco se volverían locos. Las razones por las cuales toman una opinión no debe tomarse en serio. La política tiene un componente, poco brillante, pero esencial, que es la gestión. ¿Sabe de gestión quien hace más de cuarenta años que no ha puesto una lavadora o ha sacado por su propia cuenta un billete de tren? 

  ¿Perorata en defensa de Vargas Llosa? Sí y no. Puede parecer petulante, pero yo me enteré (y por lo visto bien tarde) del asunto de Vargas Llosa con Isabel Preysler en la sala de espera del dentista. Primero pensé que Dios existe y que las señoras y señores se había por fin hartado de la basura televisiva marca BelénEsteban/Shakira/Piqué, y que ahora sólo les interesaba la literatura latinoamericana. Luego, suspicaz, pensé que era una cámara oculta o una prueba de aptitud del Colegio de Abogados de Alicante, suspicaz a su vez porque rehusé acudir a sus cenas o participé en el torneo anual de dominó. Pero a los tres minutos (recuerdo la palabra abuelo, y una palabra referida a mujeres que consiguen casarse gracias a sus habilidades en la alcoba), se me desveló la naturaleza del asunto.

 En algún sitio he leído que Isabel le regaló un cachorro de gran danés a Mario. Al parecer, el escritor había dejado caer que quería pasar las noches acariciando la cabeza, o una bobería similar, como en algunos cuadros del siglo XVIII que retratan a reyes y nobles. En Servicios Sociales o en las notarías hubieran desconfiado. Un perro de esas dimensiones no es el apropiado para un señor de su edad, por mucho que ya sepamos que será la servidumbre quien le cuide, le alimente, le recoja sus asuntos. ¿Y si le da por subirse y darle un lametón? El amor no conoce de riesgos. Mario dijo que la felicidad tiene nombre y apellido: Isabel Preysler. Me parece decepcionante para un literato. Imaginen conmigo. La felicidad tiene nombre y dos apellidos, uno compuesto. Manuel González-Moro Tolosana. Algún guasón diría que más que la felicidad parece una colección de árbitros de fútbol. 

  Me parece un regalo más del gusto de Isabel, en cambio los invitados son del de Mario. Quiero pensar eso. Que es por la literatura que decide invitar a Mariano Rajoy y a Aznar, que se detestan, que se arrancarían los ojos si pudieran. Que es por estudiar de cerca cómo se deteriora alguien como Felipe González, que a su vez también odia a Aznar. Que le gusta observar a sujetos como Esperanza Aguirre, Boris Izaguirre, José Manuel Soria, antiguos líderes latinoamericanos que no merece la pena mencionar. Una especie de parada de los monstruos VIP.  Quiero pensar que quiere mirar el abismo e irónicamente celebrar con ellos que aún sigue vivo y muy colgante.  Detrás de esta celebración decadente, cortesana, diocieochesca de celebrar el cumpleaños está el novelista agazapado, anhelante del drama, de lo grotesco, ansioso por contemplar otros Leónidas Trujillo que poder narrar. Hablará como González, será astuto como Rajoy y presuntuoso como Aznar, viperina como Aguirre, fatuo como Piñera. Contemplarlos en su salsa, y luego introducir el escalpelo en la carne y darle forma. Como Frankenstein, pero mejor. 

  Quiero pensar que es eso, porque para disfrutar de un día tan especial uno se reúne con su familia o con vete a saber quién, pero no se hace un romance de lobos. Se celebra en la intimidad y con cariño.




El humor está aquí, en alguna parte
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6 comentarios:

  1. Mas decepcionante que cualquier literato?

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  2. Un escritor, o literato como Vd. le llama, es tb. un ser humano, en este caso un hombre, con sentimientos. Creo que tiene mucha suerte, quiere decir que está enamorado. E Isabel, no sé porqué se meten tanto con ella, y muchos son mujeres. Si son felices, poco les importara, o poco les debería importa, lo que digan los demás. Y que conste que me es indiferente lo que hagan

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    1. En ningún momento la entrada trata sobre la relación del señor Vargas y la señora Preysler. Le invito a leerla y verá que se habla de la celebración del cumpleaños del escritor. Gracias.

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    2. Igual debería repasar sus escritos. Ironiza sobre que la felicidad del señor Vargas tenga nombre y apellidos, como él dijo. A eso me refiero. Por muy literato que sea, el amor es el amor.

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    3. En realidad no ironizaba sobre la felicidad del escritor. Cuanta más alegría reine en los corazones, mejor.

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