11 marzo 2016

La teoría de la no conspiración

  Creo sinceramente que la gente normal, como yo, tiende a pensar que los poderosos actúan siempre conforme a un plan trazado de antemano. Que siguen una estrategia para conseguir sus fines y que los demás no somos más que (por utilizar una manida comparación, pero no tengo a mano otra mejor) las piezas del tablero. Si uno tiende a ser fantasioso, paranoico, paranoico/fantasioso o simplemente tiene la necesidad de hacerse el interesante, la estrategia cobra dimensiones de plan maquiavélico, a veces planetario. 

  Es divertido (la diversión del terror, del tren de la bruja, por supuesto) imaginar a los poderosos de la tierra reunidos en oscuros conciliábulos trazando los planes de control de los próximos años.

"Les daremos de comer desde pequeños alimentos preparados con aditivos artificiales. Los aditivos les producirán alergias, con las alergias haremos negocio con las farmacéuticas y el sistema sanitario, el sistema sanitario se encarecerá y nuestros medios de comunicación dirán que es por culpa del excesivo gasto de los inmigrantes, la gente tendrá miedo de los extranjeros, al tener miedo querrán tener un gobierno fuerte y hará que voten a nuestros políticos que permitirán a su vez que les demos más aditivos artificiales" y así etc. 

  En mi infantil imaginación me permitirán que acompañe la escena con alguien acariciando un gato y una fantasmagórica risotada que atronará en la sala mientras se exclama: ¡Y entonces el mundo será nuestro! ¡Ja, ja, ja, ja! ¿Risible? No hace tanto tiempo nuestro dictador y asesino local, un tal Francisco Franco, todavía hablaba de una conspiración juedomasónica, el famoso contubernio, trazado con el propósito de llevar a España hacia el abismo. 

  Pero, ¿Y si los poderosos no tuvieran un plan? ¿Y si fueran tan chapuceros como el resto de los mortales? ¿ Y si en realidad las tácticas no son tales y en la mayoría de los casos se trata de improvisación, intuición, fanfarronería y suerte? Dejen que les cuente lo que me pasó.

  Si es español supongo que estará siguiendo a veces con interés, otras con hastío, el proceso de formación (en su caso) de nuevo Gobierno en España. Cuando el PSOE llegó a un acuerdo con Ciudadanos pensé que se trataba de una maniobra maestra de estrategia política. Pensé que en el fondo se había engañado a los de Rivera. Les habían hecho firmar un pacto de mínimos del que no podrían retractarse, pero que ya se había firmado el verdadero pacto, que era con Podemos, pero que no se desvelaría hasta el final. De esa manera quedaba asegurada la investidura. 

  Hablé de mi genial hipótesis con un amigo socialista, habitualmente bien informado, quien por pena, por aburrimiento, o simplemente por el placer de tomarme el pelo, me avaló. Estuve incluso tentado de publicarla en este blog para por una vez, desquitarme de anteriores meteduras de pata y entrar por derecho propio, aunque fuera en el furgón de cola, en el Olimpo de los analistas políticos. Como bien saben nada de esto se produjo. No había pacto secreto con Podemos. Había lo que se había mostrado. 

  Puede que para los que tenemos una imaginación calenturienta pueda resultar una decepción, pero muchas veces sucede que las cosas son simplemente como parecen que son. En el caso de la investidura para un nuevo Gobierno me imaginaba a los cerebros pensantes elaborando complicadas estrategias con negociaciones dignas de un cónclave vaticano. Pero está claro que no es así. Cuando parece que no saben qué hacer es porque simplemente no saben qué hacer. Saben más o menos qué no quieren (que no gobierne Podemos, que no gobierne Ciudadanos, que no gobierne el PP) pero nada más. Sin estratagemas geniales, sin planes articulados. Cuando Podemos parece que no estaba preparado para las disensiones internas es que no lo estaba. Cuando Sánchez parece que no tiene plan para atraer a otros partidos a su pacto con Ciudadanos, va a ser que no tiene plan y cuando el PP no se ve capaz de otra alternativa que no sea las nuevas elecciones, al final resultará que no tiene otra alternativa. Ni ellos, ni el IBEX 35, ni el 15 M, ni el sursum corda.

¿Juego de Tronos? Dirá más bien "La Escopeta Nacional".

  Es posible que como una persona que nunca tendrá probablemente poder, tienda a sobrestimar a los poderosos de la tierra, sea el presidente de Estados Unidos o de la Diputación de Alicante.

Descubrir que van a salto de mata no sé si me llena más de esperanza o de desconsuelo. 
¿En qué manos estamos realmente? ¿En manos de gente como yo?

El humor está aquí, en alguna parte
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2 comentarios:

  1. Hanlon's Razor: "never assume malice when stupidity will suffice". Saludos desde Trieste

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