03 marzo 2016

Fantina en cuestión


"Me llamo Fantina y tengo cuarenta años. Ya lo he dicho. Pero me gusta repetir las cosas. Es una manía. Repito y repito. Mis padres se conocieron en un seminario sobre la obra de Victor Hugo. Leyeron juntos Los Miserables. La obviedad es aplastante".

  Cuando alguien próximo te pide que leas lo que ha escrito pueden suceder dos cosas. Si tienes alma de pelota es una oportunidad más de demostrar servilismo. Manuel González-Moro Tolosana a su servicio. Por un precio, siempre por un precio. Pero entre mis defectos (¿o será entre mis cualidades?) no se encuentra el saber hacer la rosca a los amigos, jefes, familiares, conocidos o clientes. Más bien al contrario.

"Lo sé, aún no he contado de qué va esta historia. Porque algo tendré que contar. Y así es. La historia va de compases".

  Por eso si alguien te pide que leas lo que ha escrito, las alarmas se encienden ante la embarazosa posibilidad de verse en la tesitura de ejercer la mentira piadosa, la hipocresía cortés. Puede que la capacidad de fabulación de la persona en cuestión sea escasa y se haya limitado, sin saberlo, a poner sus reflexiones, sus vivencias y problemas en boca de los personajes. En ese caso no solo puedes asistir a un ejercicio literario estéril, sino a la desagradable sensación de contemplar el desnudo sentimental de una persona querida de manera furtiva. Como quien sin querer observa a alguien orinando.

 Y con esos temores empecé a leer Fantina en cuestión. Y al terminarla los temores fueron distintos, porque por el contrario se corre también el riesgo de no saber reconocer el mérito de las personas más cercanas por el mero hecho de tenerlas presentes en tu vida. Y eso es lo que me sucedió con esta novela. Porque Fantina En Cuestión es una novela magnífica.

  ¿Qué tiene la novela? Tiene suspense, desde luego. Tiene misterio. Tiene crítica social, ácida, implacable, demoledora, densa como los grumos del Cola-Cao. Pero quizá eso es lo de menos. Es el macguffin, en términos hitchcocknianos, es la maniobra de distracción. Por eso no importa tanto que la mayoría del tiempo la protagonista se exprese en términos de realismo sucio norteamericano. Uno puede creer que está leyendo algo parecido a Raymond Carver, que tan popular fue entre los lectores de mi generación y en los momentos más exaltados al mismísimo Bukowski

"Cuando he vuelto a mediodía a casa todo estaba solucionado".

  Pero es todo apariencia, porque de repente en una frase la narración avanza leguas. Por debajo de la superficie turbia del lago de palabras procaces, hay una historia que galopa briosa y también un lenguaje poético que invita a ser descifrado. Una historia que parece cotidiana, pero que se vuelve fantástica o negra. Entonces la novela deja de ser Carver y se vuelve más Bioy Casares o Borges

  Escribió Borges que "los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres"; pero también que "lo que llamamos azar es nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad".


En esta novela breve hay varios libros, varias personas, varios mundos 
y todos merecen ser descubiertos. 

Entrevista en Europa Press




El humor está aquí, en alguna parte
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1 comentario:

  1. Completamente de acuerdo contigo. Me ha parecido realmente magnífica, es de esas novelas que, literalmente y expresándolo de forma coloquial, "te bebes" (en mi caso, me la terminé ¡¡en menos de 2 horas!!) y me quedé con "ganas de más".

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