08 abril 2016

Pedro Navaja/ Offshore


  He cambiado un poco la canción de uno de los delincuentes de la ficción musical más famosos del mundo para adaptarlo a los tiempos que corren.

  Ahora que estamos todos los días viendo si nos sacan en los "Papeles de Panamá" y viendo lo que los buscadores de maximización de su esfuerzo fiscal, en palabras de nuestro ministro de Economía en funciones, conviene más que nunca volver a esta extraordinaria canción sobre la delincuencia del panameño Rubén Blades, versionada de modo memorable por la Orquesta Platería. 

  Pedro Navaja es un chulo y un navajero profesional que va buscando víctimas en la calle desierta. Su víctima resulta ser una prostituta que no había tenido su noche, pero que guardaba un revólver "para que la libre de todo mal". En las mismas calles donde estos personajes, sus hijos y sus nietos seguirán con el ciclo de la vida, estarán domiciliadas las compañías offshore, los despachos de abogados especializados en su creación y en la búsqueda de testaferros, inversiones y el blanqueo

  Los abogados no nos distinguimos por nuestra habilidad bailando salsa ni por la creatividad a la hora de anunciar nuestro negocio. Se supone que los dibujos, ilustraciones, webs, tarjetas y anuncios deben mostrar la sobriedad que se le espera a un profesional del derecho. Si uno entraba en la web del despacho de abogados protagonista de esta historia, Mossack Fonseca, se encuentra con la proa de lo que parecía un enorme yate que ahora ha sido sustituido por la base de unas columnas en medio de las cuales se anuncia la declaración oficial de la firma en relación con "la reciente cobertura mediática".

  Como Pedro Navaja, aquellos que tenían fondos y compañías opacas en Panamá, miraron para un lado, miraron para el otro y no vieron a nadie. Antes, un coche había pasado muy lentamente por la avenida. No tenía marcas, pero todo el mundo sabía que era policía. 

  La música lo es todo. La música vale tanto para un cumpleaños como para un funeral. La música explica una revuelta juvenil, una algarada contra el poder, una marcha de militares, un canto por la libertad o un rebuzno nazi. ¿Se acuerdan de Casablanca? ¿Quien nos iba a decir que Pedro Navaja nos iba a hacer comprender las compañías offshore? 

  Navaja podría operar en Panamá igual que en Sevilla, en Baltimore o en Barcelona. Marie Le Pen, quien también aparece en los papeles de Panamá, nos ha demostrado que aunque de boquilla podamos decir Francia para los franceses, en el fondo tenemos alma de cosmopolitas. El mundo no conoce fronteras si se tiene suficiente dinero. Y al dinero no le gusta residir en lugares con una hostil fiscalidad. Lo global del asunto nos lleva a la conclusión, ya sospechada, de que gran parte de las élites mundiales, son delincuentes. Pero también permitirá apreciar cómo el mismo hecho es tratado en los diferentes países del mundo. De lo simbólico a lo jurídico.

  Al Primer Ministro islandés se le cayó la cara de vergüenza, lo que en el fondo dice algo en su favor. Luego la gente le dio a elegir entre dimitir o ser desalado como un bacalao. En Gran Bretaña ya se pide la cabeza de Cameron, y no es extraño que al final tenga que abandonar entre lágrimas camino de Fuerteventura. Putin está dando explicaciones ahora mismo, pero por supuesto no se espera que se jubile. Los políticos lo hacen, pero los delincuentes no, como puso de manifiesto el film "Un amigo para Harry". En cuanto a la infanta Pilar, cuya empresa panameña coincide prácticamente con el reinado de Juan Carlos I de España, no se espera otra declaración distinta de ¡olé! en la Maestranza. 

  Por tanto podemos hablar de que a partir de ahora, ya sabiendo que hay delincuentes fiscales de Islandia a Ciudad del Cabo, de la "escala panameña" que irá de 10, para aquellos que se vean obligados a dimitir y asumir sus responsabilidades jurídicas cuando son pillados in fraganti a 0 para los que dicen olé y vodka. 

  Y créanme gente que aunque hubo ruido nadie salió. No hubo preguntas, nadie lloró. Solo un borracho con los dos muertos se tropezó. Cogió el revolver, el puñal, los pesos y se marchó....

¿Será eso lo que pase? Quizás. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida...

Andrea de Santis


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