05 mayo 2016

¿Qué pasa en Siria?

  Hace ya un par de decenas de años una terrible guerra (¿alguna de las guerras no es terrible?) tenía lugar en Yugoslavia. Hace bien poco el Tribunal de La Haya condenó a Radovan Karadžić por genocidio en Bosnia Herzegovina. Había pasado muchos años oculto en Serbia, y al parecer, se había hecho médico o curandero especialista en medicina "natural". Miel, hierbas, respire bien hondo y todo eso.... Luego dirán que la medicina alternativa no funciona, pero Karadžić está lozano como una rosa teniendo en cuenta su edad y su sangrienta biografía.

  En aquella época discutía, en ocasiones acaloradamente, con otros amigos sobre el conflicto. Unos eran más germanófilos y apoyaban sin reservas a Croacia. Otros denunciábamos el papel manipulador y desestabilizador de Alemania y de otras potencias, y como puede verse, todos estábamos equivocados. Equivocados pero concernidos, como corresponde con los universitarios. Buscábamos razones, villanos, héroes, causas, consecuencias, pronósticos... Alemania, Tito, los nacionalismos, el atavismo balcánico. 

  Por supuesto no estábamos solos. Alguno dirá que simplemente hablábamos por boca de ganso. Es posible. Recuerdo a una legión de analistas políticos, historiadores, politólogos y otras especies de seres similares, (a los que íntimamente queríamos parecernos) que desmenuzaban el conflicto. Algunos echaban la mirada atrás, a los partisanos y los ustachas que cantaban el cara al sol cada vez que veían a un español (aunque fuera de Basauri). Incluso el libro de Pérez Reverte "Territorio Comanche" se hizo un best seller del momento y hasta se hizo una película en la que a Carmelo Gómez le quedaba muy bien el casco.

  ¿Y por qué no sucede lo mismo para el conflicto de Siria? Admito que pudiera ser que ahora no tengo veinte años y puedo estar menos atento a los debates, pero o mucho me equivoco o no se da excesiva información ni tampoco hay muchas ganas de reflexionar entre la opinión pública (no entre los expertos) sobre lo que está sucediendo allí. Desde luego no es fácil desentrañar la maraña de siglas, la complicada geopolítica de la zona. El papel de Rusia, Irán, Estados Unidos, Israel y por supuesto, el gran "amigo de occidente", Arabia Saudí. Los hermanos musulmanes, las dos guerras del Golfo, Al Quaeda, Hezbolá y el canallesco régimen político sirio. Todo muy complicado. Es más fácil llorar que pensar y ¡ay! del día que dejemos de llorar. 

Llorar desde luego está bien. Poco se ha llorado con los niños muertos en la orilla o todas las personas que han perdido la vida en horrendos naufragios de los que jamás sabremos nada. Poco se ha llorado a todos los que no tuvieron la oportunidad de salir de Siria y sobreviven como pueden, si tienen suerte. Solo tenemos una vida. La gente que murió o a la que se la han destrozado también. Pero llorar no ayuda a entender. Saber sí, pero nadie parece muy interesado en explicar.

  Lo bueno que tiene el vivir en un mundo lleno de constante ruido, ruido informativo, ruido comunicativo, ruido de la manipulación o del legítimo interés de cada parte de hacer oír, es que el silencio suele ser clamoroso. Uno de los últimos debates de la jibarizada legislatura española que acaba de terminar se dedicó a Venezuela. Venezuela está muy bien, porque remite remotamente a paisajes tropicales, acentos salerosos y permite atizar sin contemplaciones al rival político acusándole  de chavista, igual que antes se acusaba de castrista o de amigo del imperialismo cada vez que uno se zampaba un donut. 

  Por desgracia Siria no sirve para eso. Cortante como es por todos sus extremos, no puede utilizarse como arma arrojadiza. No podemos buscar filiaciones, ni siquiera bastardas con ninguno de los bandos que están en juego, ni siquiera con los países que intervienen. 

No serán Cebrián ni Pablo Iglesias los que denuncien el oscuro papel de Irán. No será el PP quien levante la voz contra Arabia Saudí, ni por las consecuencias de las guerras de la familia Bush. No será Izquierda Unida quien se moleste en organizar manifestaciones en contra  de Bachar el Asad o Rusia. No será el PSOE el que diga nada que no tenga que ver con Sánchez y Susana Díaz. 

  Como en un terreno baldío, muy loco debería estar aquel que estuviera tentado en sembrar en un terreno tan improductivo e insalubre. No crecen allí ni los votos. Ni siquiera los bulos. Hay que pasar de largo. Conviene que siga turbio. 




El humor está aquí, en alguna parte
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