27 junio 2016

A toro pasado

  La expresión "a toro pasado", como muchas otras expresiones que vienen del mundo taurino, posee una riqueza que expresa en una frase el concepto y experiencia, aúna lo racional y lo sentimental. No solo es que después de pasar el toro es fácil decir qué es lo que iba a ocurrir, sino que además mientras lo hace uno está tan preocupado en que no le pille el animal, que con gran probabilidad es incapaz de tomar la decisión correcta. Por eso se dice que es fácil a toro pasado, decir que esto debía haberse hecho así o asá, que se debió añadir, quitar, sumar, restar, hablar, silenciar, besar o marcharse a la francesa. Yo ya lo dije, dicen, los que no tenían los cuernos delante.

  En realidad no es algo tan extraño. Es lo que hacen ahora los políticos, los analistas, los comentaristas deportivos y además les pagan por ello. Debía haber jugado Thiago. El portero, Casillas, que no conoce lupanar. Iglesias tenía que haber pactado con Casillas y Del Bosque investido con el apoyo del PSOE. Rajoy debería haberse retirado después del Mundial de Brasil y, por supuesto, tener juntos a Errejón y a Garzón (que además de rimar juegan en la misma posición) no te garantiza más gol. Eso lo sabe hasta Floriano.

  Yo también lo haré. Quiero torear sin toro, desnudo, como un animalista del PACMA. Seguramente no me tomen en serio, pero concédanme unos minutos, y luego me dicen. Básicamente los dos sentimientos que predominan en España tras las elecciones son los del alivio, entre los que han ganado, y la incomprensión, sumida casi en la desesperación fatalista de los que han perdido. Los segundos no pueden entender cómo sigue ganando las elecciones un partido con casi sesenta casos de gravísima corrupción a sus espaldas, que no ha reducido el déficit, ha aplicado durísimos recortes, subido impuestos, una tasa de paro del 21% y casi cinco millones de desempleados. 

  Los ganadores sienten que se han librado de un régimen poco menos que revolucionario auspiciado por una coalición de comunistas financiados desde Venezuela e Irán, que acabarían con la unidad de España, luego con la pertenencia a la Unión Europea, y luego vete a saber si confiscando propiedades. 

  Como se ve los primeros y los segundos, como diría Kahneman, (de obligada lectura) en realidad sustituyen la pregunta que se plantea por otra. A la pregunta cuál es el mejor gobierno se responde  con cómo puedo impedir que los "otros" gobiernen. El concepto capital no está en el bien común, ni en criterios más o menos objetivos sobre las cuestiones políticas y económicas sino que se resume a un asunto de identidad. Porque ya no es la economía (idiota) sino que la cuestión esencial se centra en el asunto de la identidad. 

  Basta ver como ejemplo el referéndum británico. Ni siquiera ellos, que vienen de una tradición eminentemente práctica (¡hola Jeremy Bentham!) se han podido sustraer al poderoso influjo de la preocupación identitaria. Dicho breve y abruptamente, pesó más la idea de dejar de ser británicos que la de perder sus beneficios como miembros de la Unión. Muchos expatriados residentes en España votaron también a favor de salir de la unión en clara contradicción con lo que sería una decisión racional sobre sus intereses. Pero, ¿cuáles son de verdad nuestros intereses?

  Una amiga, parada, pero muy partidaria de los partidos de derecha, se mostraba eufórica porque en la celebración del Partido Popular se veían banderas de España. Y así era. Los simpatizantes del partido cantaban desgañitándose que eran españoles. La bandera de la identidad nacional, del peligro que puede suponer la "ruptura de España", algo a lo que muchos le tienen pánico, está muy arraigada en la cultura española. No debe olvidarse que los golpistas franquistas se llamaron a sí mismos "nacionales" como si sus oponentes del campo de batalla no lo fueran.

  Paralelamente, entre las personas que han perdido las elecciones, compruebo que la derrota les ha alejado más de la idea de España. "Esto no tiene remedio". ¿Cómo es posible? En España se premia a los ladrones, dicen, como ya escribió Valle-Inclán. Unos y otros en realidad comparten la misma preocupación por la identidad, que se siente amenazada o que pesa como una losa o si se quiere como una gigantesca pandereta. No debe olvidarse además que los "nacionales" ganaron. La idea de adscribirse a un grupo de orden y poderoso crea la ilusión de pertenecer a él, aunque no cobres más de mil euros al mes. 

  Dame pan y dime tonto, se decía. Es la economía, idiota, se decía. Pero cualquier psicólogo te dirá que la primera necesidad de las personas es la de saber quiénes son. ¿Y quienes somos? No nos define el trabajo, desde luego, que podemos perder en cualquier momento y que rara vez nos llena. No nos define nuestra familia que puede cambiar o esfumarse. ¿La religión? Para algunos sí, no hay más que ver a los fanáticos reclutados en los barrios impersonales de las periferias de las grandes ciudades europeas. Pero a la religión nosotros ya hemos llegado tarde, gracias a Dios. 

  Yo no soy quien soy y no creo que lo sea. A veces estoy en casa escuchando música y me digo que soy bloguero. Suena bien. Suena cool. Suena como algo interesante. Pero escribir de vez en cuando para que me lean dos personas tan inteligentes como usted, pero a fin de cuentas dos, es una base un poco endeble para llenar mi vacío existencial. Por eso, busco una identidad, y otra y otra. Runner, tenista, cocinero, manitas, madridista, culé, melómano, rociero, catalán, español...

Catalán, español, británico... 

Dame un himno, una bandera, 

dime quién soy y llámame tonto. 



El humor está aquí, en alguna parte
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2 comentarios:

  1. Eres muy bueno ,la semántica tuya tendría que leerla mucha gente ,para que se de cuenta que no somos borregos y no nos dejamos arrastrar ni por un trozo de pan ,ni por el miedo. Sabes entender la vida .

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