25 julio 2016

La ley del embudo

  Según leo en El Diario, una cuenta del maligno Twitter difundió la foto del diputado de Podemos, Xavier Domenech, saliendo del hotel Urban. La publicación lo califica de lujoso. Debe ser uno de esos hoteles maravillosos en los que tocas un timbre y alguien, tan amistoso que no parece humano, te trae una aspirina que puedes tragar con alguna de las delicias del minibar. Miriam Noguera, diputada convergente o como llamen ahora a los ¿independentistas? de Convergencia Democrática, se "hizo eco" de la noticia en su inevitable cuenta de Twitter con la indignación que el caso requería. Transcribo en catalán, me parece más gracioso: "I jo pago 49 euros a un hostal, pero el pueblo ests tu, oi". 

  Hago notar a los lectores que "el pueblo" está escrito en castellano, detalle que no puede soslayarse para el avispado lector que advertirá una connotación hiriente teniendo en cuenta que Xavier Domenech es también catalán. El "oi" final en rigor no significa nada. Es una coletilla ñoña catalana, valga la redundancia. Se puede poner al final o se puede poner al principio. Así se puede decir: "Oi que es maco?".

  Si analizamos la noticia que indignó tanto a la señora Nogueras es fácil concluir que Domenech es algo diferente del Destripador de Boston. En puridad salir de un hotel de lujo no significa necesariamente pernoctar en él. Puede que Domenech quedara con alguien para tomar un café y además tuviera que abonar una exorbitante cantidad por un agua con gas, un café con leche y un Belmonte. El diputado no habría disfrutado de las atenciones suprahumanas del hotel sino que además habría descendido a los inframundos de las "clavadas" de la hostelería de lujo.

  Pero pongámonos en la hipótesis más escabrosa: el diputado de Podemos habría pasado la noche en el hotel de lujo. El diputado de Podemos habría osado abrir el minibar y tras sopesar el tesoro líquido de su interior habría decidido meter en su gaznate el jugo de uno, dos y hasta tres benjamines. Al diputado de Podemos le habría sobrevenido una insoportable jaqueca y habría descolgado el teléfono para pedir una aspirina. En menos de cinco minutos un empleado del hotel, tan cariñoso, sonriente y atento que no parece humano sino más bien nuestra madre, habría tocado a su puerta y le habría dado una caja entera de aspirinas, no sin antes recordarle que estaba a su disposición. El diputado de Podemos habría dormido como un tronco en su confortable cama king size, arropado por una fabulosa cantidad de canales de televisión. Mientras en su hostal, Nogueras, buscaba sin éxito la TV3 en un televisor tan antiguo como la propia Cataluña y al no conseguirlo tenía que contentarse con Sálvame deluxe. Quizá Wifredo el Velloso tenía un aparato similar en su castillo. 

  Sucede que los hermosos cuentos solo existen en la mente de los fabuladores. La noticia no era noticia sino bulo. Lástima. No soy como Nogueras. Me encanta pensar en el diputado Domenech intentando abarcar con su cuerpo toda la superficie de la cama, el meñique del pie derecho en septentrión, la punta de la nariz al oriente. Recorriendo con la vista los vastos territorios de una suite. Pero resulta que el tuit era falso. Domenech nunca salió del hotel Urban. Nunca pernoctó en ese hotel ni vació su minibar. Como buen hombre de izquierdas se tomaría unas cervezas en la pensión mientras buscaba, sin éxito, la TV3. 

  En cambio sí sabemos quién pernoctó, no un día ni dos, no una semana ni dos, no un año ni dos en el hotel Palace de Madrid. Durán Lleida, el histórico portavoz del Grupo Catalán en el Congreso. Allí recibió a Jordi Évole para su entrevista. Durán  debía echar un vistazo al minibar y escogería un zumo (solo los pobres bebemos los benjamines). Es inconcebible que un señor con tanta clase esté en una pensión y sencillamente impensable la posibilidad de imaginarle  comiendo de rancho, no digo ya abriendo una lata de fabada Litoral. La mera idea de que un alguien como Durán pueda pasar incomodidades hace que te sientas como en los momentos más duros de "Liberad a Willy". Hoteles como el Palace están pensados para el disfrute de señores como Durán, que saben de añadas de vinos, pero también de cuál es la taberna más inmunda de Sicilia donde se sirve la mejor lasaña.

  En suma, parece normal que lo que para unos sí, para otros no. Ellas tapadas con burka, pañuelo y hiyab. Ellos en calzoncillos y con una camiseta de Nike. Ellos en el Palace, pero tú (rata izquierdista) a tu sucia pensión. ¿Acaso no eres del pueblo? ¿Acaso no eres la plebe o vas de farol? Si ellos pactan con los nacionalistas es razón de Estado, si lo haces tú es vender España. Es la lógica del abusador. La lógica del maltratador, que tiene todos los privilegios pero que se convertirá en martillo de herejes en cuanto oses disfrutar de las migajas. Tus movimientos serán observados con lupa. Tus fallos magnificados. Tus derechos extinguidos. Tus vicios exagerados. Tus faltas convertidas en crímenes. Y para ellos: "ancha es Castilla". Es derecho de cuna. Derecho de pernada. Caudillo de España o de Cataluña por la gracia de Dios. 

Y lo peor es que nos lo creemos. Domenech: ¡Vete al hotel Urban y vacía en mi nombre el minibar! A mi salud y a la salud de todos los hipócritas. 

Pop Art by Andrew Fairclough


El humor está aquí, en alguna parte
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1 comentario:

  1. Pues estoy bastante de acuerdo, aunque me gustaría observar que la expresión catalana "oi" no me parece ñoña ni carente de sentido, salvo que opinemos lo mismo de las coletillas "¿no es cierto?" o "¿verdad?", que se usan para reforzar el sentido de una frase en la lengua de Cervantes. ¿O sólo es redundante cuando se usa en catalán, siendo el catalán una lengua ñoña? A mí no me lo parece. Será porque es la mía. Oi?

    Saludos.

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