13 noviembre 2016

No somos Arizona

  El refrán español dice que "no hay mal que por bien no venga". La misma idea, reeditada para congresos, charlas y conferencias profesionales se formula ahora diciendo: "no es un problema, es una oportunidad". Ofrezco los dos, como el tendero que tiene varios tipos de manzanas para que elijan la que más les convenza. El mal del que hablo es por supuesto la victoria de Trump y el bien o la oportunidad es que esta victoria nos da la oportunidad de conocernos, aunque sea un poquito, a nosotros mismos.

  Desde mi ventana puedo ver el mar, pero si fijo mi mirada de miope un poco más cerca puedo ver una menos bucólica hamburguesería en cuya fachada ondea la bandera de las barras y las estrellas. Ni que decir tiene que el local no está regentado por estadounidenses sino por un siniestro canario. A nadie le llama la atención una bandera americana, de hecho es parte del paisaje aquí y en otras muchas calles. Hace poco todos juntos y en armonía (como dice el himno del Hércules C.F) hemos celebrado Jalogüin. En algo más de un mes Papá Noel visitará este solar hispano para traer regalos a Kevin, Vanessa, Aaron, Jennifer, o a sus hijos, Samuel, Noa, Erika y Justin (o Yustin). Un poco antes todos (juntos y en armonía) disfrutaremos del Black Friday, y ya en algunos colegios se celebra el Día de Acción de Gracias (y todos los informativos españoles se llenarán de pavos). Durante todo el año, en los telediarios nos informarán de los resultados de la NBA, discutiremos sobre los enfrentamientos raciales en Alabama, nos preocuparemos con la epidemia de obesidad de Texas (que algunos ya pronuncian "Teksas", leer falso viaje que hicimos solidario aquí). Y así estábamos, felices viviendo a ratos en Europa, a ratos como si fuéramos otro Estado más de los EEUU cuando ganó Trump.

  La victoria de Trump nos ha sorprendido, no porque no pudiera ganar (ya lo advirtió Michael Moore hace meses) sino por la sensación de ajenidad que nos provoca respecto a los que considerábamos sin darnos cuenta, parte de nuestra identidad. En cierto modo Trump es como un jamón rancio, no hay español que no lo deteste. Tanto la izquierda (pese a algún esfuerzo patético en demostrar los contrario) como la derecha, incluso la propia Esperanza Aguirre, consideran a Trump un personaje no solo repulsivo sino además incomprensible. Y aquí viene la sorpresa, y los analistas que ya nos advierten, que EEUU no es "lo que se ve en las películas" (o en las películas que ellos ven), sino que es un país con muchas zonas rurales ultraconservadoras e hiperarmadas. 

  Y entonces nos toca recordar lo que ya sabíamos, pero que habíamos ignorado. Que puede que nuestro hijo se llame Justin y no paremos de consumir productos culturales estadounidendenses, pero si miramos al otro lado del océano descubriremos que nuestros vecinos en la globalización no nos conocen. Aunque nos sepamos al dedillo los equipos de la NBA y las canciones de Madonna, para muchos de nuestros conciudadanos americanos de la globalización les es imposible distinguir España de México o de otros países latinoamericanos a los que se engloba en la estúpida y errónea etiqueta "latino", como si fuera lo mismo un huevo y una castaña por el hecho de que son dos cosas que se comen. No saben lo que es el Real Madrid, nunca oyeron hablar de Iniesta, los más cultos alguna vez se les mencionó El Quijote (aunque no necesariamente lo vinculan con España). Ni unos ni otros saben que Florida, Arizona, Colorado y otros miles de topónimos que ellos no saben pronunciar bien son nombres españoles puestos por españoles. Con un poco de suerte Julio Iglesias y la Inquisición. En resumen, ellos no nos conocen y nosotros que creemos que les conocemos tanto que somos como uno de ellos. Una alteridad equivocada (si hay un filósofo de guardia en la sala que me haga el boca a boca).

  No somos Arizona y a Minnesota no le importa lo que seamos. La globalización nos ha hecho ciudadanos del mundo, pero no estadounidenses, para bien y para mal. El romano y el griego que llevamos dentro nos lo impide. Voy a celebrarlo poniéndome una canción de John Denver, pero si esto sirve para recolocar mínimamente nuestra posición y aguzar nuestro sentido crítico respecto a todo lo que venga de los EEUU, bienvenido sea. Que lo malo ya llegará solo.



El humor está aquí, en alguna parte
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2 comentarios:

  1. Este estereotipo es el que prevalece en sus mentes, pero le voy a recordar una hecho. Los espanioles han tenido una de las mas grandes crisis economicas y le siguen dando el mando al partido que es el mas corrupto y que ha ayudado a crear esa crisis, mientras que los americanos no tienen miedo a cambiar rumbo cuando ven la debacle que han creado los del establishment en estas ultimas 6 decadas. A eso lo llamo yo un pueblo con weevos! Los estomagos agradecidos espanioles a seguir con lo mismo, por eso de lo que pudiera pasar. Si los blancos votaran con el mismo porcentaje de los afroamericanos e hispanos estarian hablando de racismo.

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    1. Gracias por su comentario, aunque de su contenido deduzco que no ha léido el post.

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