23 noviembre 2016

Entre lo cortés y lo valiente

  Esta mañana "me he desayunado" (siempre he querido emplear esta tonta expresión de contertulio o profesor asociado) con la noticia del fallecimiento de Rita Barberá. No hace tanto tiempo que la muerte tenía el efecto de embellecer a los feos, templar a los impulsivos, hacer bondadosos a los malvados y generosos a los tacaños. Sin duda era algo irritante pero no tanto como no tener respeto para con las personas fallecidas y con la muerte. Pablo Iglesias (y todos los de su partido que en esto se comportan como el resto, siguiendo como ganado a su pastor en un acto tan sumamente personal) ha abandonado la Cámara cuando se guardaba un minuto de silencio por Barberá. Leo en las redes sociales un apoyo masivo a esta postura: el sectarismo (como el perejil molido) se va abriendo paso. No obstante conviene además destacar que los diputados de Compromís, que tan bien la conocían y con tanta razón la criticaron, sí se han quedado.
 
  Para los que conozcan como se las gastan muchos docentes de las univeridades españolas no sorprende que traten al resto de los mortales (perdón por lo de mortal) como si estuviéramos aquejados de algún tipo de enfermedad mental que nos impidiera comprender cualquier tipo de sutileza. Siguiendo este criterio, Iglesias habrá pensado que quedarse en el minuto de silencio iba a ser "tuitinterpretado" como un "homenaje político" a una figura "corrupta" y que por tanto era mejor "tuit-ausentarse". Por supuesto a los votantes de Podemos no nos alcanza para comprender que una cosa es guardar respeto por el fallecimiento reciente de una persona y por el dolor de su pareja,  amigos y familiares y otra bien distinta la crítica que nos merezca como figura política.

  ¿Pero cómo lo vamos a entender? Para empezar todo matiz es interpretado como flojera argumental. Hay que ir pisando fuerte por la vida. En España (y cuando digo España también me refiero a sus colonias Euskal Herria, Catalonia y la más importante, Alicante) ya se han desterrado las palabras "gracias", "perdón", así como la pérfida y meliflua expresión "por favor". Los buenos modales están proscritos de facto. La compasión de garrafa abunda en las redes sociales, pero el sectarismo impide que se practique en la vida real, y menos con el enemigo político. La muerte ha quedado abolida. La muerte es Jalogüin: caramelos, disfraces idiotas y calabazas, como no paramos de enseñarle a nuestros niños. La gente se vela en instituciones parecidas a supermercados llamados tanatorios donde se acude en pantalón corto y chancletas. La vida es un Tuit o algo que puedas poner en Facebook. ¿Respeto? Por la muerte no, por supuesto.

 
Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos cosquilleáis, ¿no nos reímos?
Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos?


   Si Iglesias o alguien de su grupo ganadero hubiera visto "Ser o no Ser" de Lubistch (o mejor aún, pensara  que alguno de sus votantes  la conoce) recordaría la escena en que un actor declama esta famoso parlamento de Shylock en "El Mercader de Venecia". Esta frase funda el humanismo. Todos, al final somos personas. Yo moriré, usted morirá, morirán todas las personas que usted quiere u odia. Todos compañeros de viaje en esta loca historia. Barberá también, y por cierto con una peripecia vital que merece ser contada. Una tragedia Shakesperiana o quizá una novela de Blasco Ibáñez, de ascenso y caída. ¡Qué desvalidos son los poderosos cuando pierden el poder!

  Pero es que además, en mi humilde opinión de ser que jamás tendrá poder alguno, Podemos incurre con su gesto de dignidad adolescente en el error político. Por supuesto se intentará embrollar todo con el manido y fastidioso argumento de por qué esto sí y lo otro no. Por qué sí por Rita y no por la anciana a la que le cortaron la luz, por qué sí por las víctimas de la violencia de género y no por las de la guerra en Siria, por qué sí por las de Siria y no por las víctimas del amianto... Se dirá que por otro no se hizo (como por el añorado Labordeta) y así estaremos un rato entretenidos, chapoteando entre lo falaz y lo mezquino.

  Lo cierto es que Barberá ha marcado una época de la ciudad de Valencia (importante localidad situada al norte de Alicante). Su desaparición supone una pérdida para los que aspiraban llegar a una verdad judicial que se aproximara a lo material, no (desde el punto político) para sus antiguos compañeros de partido que ahora le hacían, por lo que cuentan las crónicas, el vacío. Rita atesoraba un conocimiento de muchos acontecimientos cuya luz hubiera sido de suma importancia para la opinión pública. Perdemos el respeto, pero también la valiosa información que en su caso podría haber aportado. Ya saben la frase: amigos, enemigos, enemigos a muerte y amigos dentro del partido. Quizá hoy alguno ha respirado más tranquilo.

  El hotel en donde ha fallecido es uno de los mejores de Madrid. Un establecimiento de cinco estrellas situado en la Plaza de las Cortes. En la página web se indica que ofrece a sus clientes un "welcome drink". Seguro que más de un cliente lo ha sabido apreciar.




¡Qué descansada vida, la de aquel que huye del mundanal ruido!




El humor está aquí, en alguna parte
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4 comentarios:

  1. Como cada uno puede valorar un acto como le parezca apropiado, tengo la sensación de que si Compromís ha guardado el minuto de silencio ha sido principalmente porque presentía que de no hacerlo podrían perder futuros votos, ya que estos personajes son valorados hasta por muchos de sus enemigos. Me ha recordado bastante a la actitud de los españoles tras la muerte del caudillo: sólo unos pocos se atrevieron a reconocer que habían brindado con champán aquel 20 de noviembre.

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  2. Gracias Psmith. Me parece muy interesante tu comentario y muy pertinente. Es un placer tener lectores así.

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  3. Después de asistir a toda la ceremonia, y escuchar a quienes estaban a favor o en contra de la postura de "Podemos" ante el minuto de silencio, considero que ésta es una nimiedad ante la abrumadora demostración de hipocresía que han hecho sus compañeros.

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  4. Gracias Lorenzo por tus dos comentarios. Respecto al que has hecho sobre este escrito, creo que tengo que darte completamente la razón. Un saludo.

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