09 noviembre 2016

Lo que "Sully" tiene que decir sobre Trump

  "Sully", la última película de Clint Eastwood, narra la historia del amerizaje forzoso en el río Hudson el 15 de enero de 2009 de un avión comercial que cubría el trayecto entre Nueva York-Charlotte. Todos los pasajeros y la tripulación sobrevivieron y la prensa pronto llamó al acontecimiento "El milagro del Hudson" y al piloto del avión, el comandante Sullenberger, exaltado como un héroe. ¿O no? El filme invita a reflexionar al tiempo que se disfruta de una película narrada al estilo del cine clásico americano.

  Como me meo (dicho sea en el sentido argentino del término) en los manuales de redacción de blogs no iré al grano de lo que quiero decir hasta el final y seguiré el torrente de mis incoherentes pensamientos. Así que como consideración previa (que dirían los picapleitos) se debe mencionar que esta película es dirigida por un señor de ochenta años. Al otro lado del Atlántico, otro ilustre veterano que comparte quinta con Eastwood, Ken Loach, estrena otra magnifica película: "Yo, Daniel Blake". Es decir, un mundo de emancipados a los 40, prejubilados a los 60 y de cineastas de pulso firme que ya cumplieron los 80 años ¿cómo no vamos a volvernos locos o creer en una persecución paranoica del gluten y la lactosa contra nuestro cuerpo?

  Como toda película construida sobre un guión clásico, se nos presenta un divertido juego de protagonistas, antagonistas, y dificultades a superar. Sully es una persona que ama su profesión. Su vocación ha sido volar desde que tenía uso de razón. También es un hombre ya veterano (lo que en España hubiera sido razón más que de sobra para tildarle de chocho y senil) y también tiene sus problemas personales y económicos que quizá (quizá) le pueden descentrar de su delicada profesión. Se encuentra frente a una situación extraoridinaria y peligrosa. Un grupo de pájaros (de nuevo los pájaros) rompe los dos motores del avión y se ordena al aparato que regrese cuanto antes al aeropuerto más cercano. Pero Sully toma la arriesgadísima decisión de amerizar en el río Hudson pensando que no podría llevar el aparato en esas condiciones hasta el aeropuerto. ¿Hizo lo correcto?
  Una persona tiene que tomar una decisión en segundos. De que acierte depende no solo su propia vida, sino la de más de un centenar y medio de personas. Me imagino a mí mismo con mi bien conocida templanza en esa misma situación.
  1. Motor izquierdo no funciona. "Me c... en ... t... me c.. en mi p... m... soy un desgraciado... 30 segundos. (Copiloto habla pero no se le escucha).
  2. Motor derecho no funciona. " Me c.. en... t... mier..., mier..., mier... ¿Qué hacemos? ¿Qué c... hacemos? ¿Donde c... puse en libro de instrucciones de emergencias? ¿Si la última vez lo puse aquí...? (Al copiloto) "Dí algo...j..." 45 segundos.
  3. Marco el teléfono de mi madre y le pregunto si sabe como aterrizar un avión sin motores. Mi madre me pide calma, probablemente lo sabe y todos nos salvamos. 
¿Pero y si una madre no está disponible? Sully consiguió vencer a su primer antagonista (el fallo de motor y los inefables pájaros) pero se le vienen otros, una comisión investigación. Los burócratas de la comisión de investigación son halcones de buenas formas y mirada metálica que cuestionarán la actuación del comandante. Nuestros expertos (ingenieros, informáticos...) dicen que usted pudo llevar el avión al aeropuerto. Es cierto que los pasajeros y la tripulación se salvaron, pero no están contentos ni las compañías de seguros que deberán pagar las debidas indemnizaciones ni la compañía aérea ni algunos políticos.

   De modo que la historia de Sully será la de demostrar al "poder" que hizo lo correcto. Demostrar su inocencia que ha sido puesta en entredicho hasta el punto de que el propio comandante, que se muestra como una persona de gran integridad moral y profesional, empieza a tener dudas sobre sí mismo.

   Pero si el poder tiene dudas y probablemente oscuros intereses, si el propio Sully tiene dudas, la gente no las tiene. No la tiene el camarero del bar que ha creado un cóctel "Sully". No la tiene la peluquera de la televisión ni la encargada del Hotel: Sully es un héroe. La gente sencilla lo sabe, no necesitan simuladores ni algoritmos. Los buenos americanos hablan de beisbol y se lanzan en el agua helada del Hudson en menos que canta un gallo para socorrer a los pasajeros sin dudarlo. El "poder" es el que habla con lengua de serpiente. El poder es retorcido. El "establishment" está podrido y lo están sus comités, sus expertos e incluso sus máquinas y artefactos. Llega un momento en que hay tanta mierda debajo de la alfombra que quizá sea mejor quemarla. ¿Y si el fuego se descontrola y nos quema la casa?


 No nos pongamos agoreros. Somos españoles y tenemos el flamenco.
Tiriti Trump Trump Trump. Tiriti Trump, Trump, Trump.





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