30 diciembre 2016

El secuestrador de ideas

  Les imagino informados sobre las andanzas del Rector plagiador. Ni siquiera un rabino se ha librado de sus garras, y si el Rector hubiera leído a Singer, sabría que no es cosa menor. La etimología de las palabras suele ser muy interesante. Es como el álbum familiar de los términos, su biografía, su analítica de sangre. En la antigua Roma designaba la acción de quedarse con el esclavo de otro y utilizarlo en provecho propio. El plagio es un secuestro.

 Irlanda es un país pobre, pero aquí las mujeres están con sus maridos —clamaba uno de los curas de El hombre Tranquilo (The quiet man), la inolvidable película de John Ford. Da igual a lo que se refiera la frase. Viene a decir que hay algo que no se puede comprar, que no tiene que ver con la fortuna, ni con los puestos que se ocupen, con los cargos, con los amiguetes, con las prebendas, con las palmaditas en el hombro, con los coches con chófer y los viajes con dietas, con los títulos. Se llama dignidad. Se llama honradez, se llama amor propio, algo que el Excelentísimo Magnífico Señor Rector de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (Spain), no conoce.

  Dirán que igual me pongo un poco duro, pero creo que podré argumentar por qué el comportamiento de este sujeto me parece especialmente abyecto. Les supongo ilustrados sobre el asunto. De acuerdo con la información publicada en eldiario.es y en otros medios de comunicación, el Excelentísimo y Magnífico plagió de modo profuso (como dice el manifiesto de 261 profesores e investigadores de universidades españolas y extranjeras) en el que no se le pedía que fuera aula por aula pidiendo perdón a los estudiantes y compañeros por el vergonzoso ejemplo que ha dado, que es lo menos que podía hacer, sino tan sólo su humilde dimisión como Magnífico y Excelentísmo. 

  Igual alguno a estas alturas cree que estoy cargando demasiado las tintas, pero creo poder explicar por qué no. En primer lugar porque se trata de un acto vergonzoso que va contra la propia naturaleza del cargo que ejerce. Es como si un abogado intentara hundir por todos los medios a su cliente, un médico hacer enfermar a sus pacientes, un ingeniero que planificara la ruina de un puente recién proyectado, un boxeador que hace tongo, un delantero que se niegue a marcar un koala carnívoro...

  Por otro lado es una manifestación impúdica de indignidad. Decía doña Concepción Arenal que había que odiar al delito y compadecer al delincuente. Pero qué pasa cuando el delincuente no puede ser castigado. ¿Qué ocurre cuando el delincuente saca pecho de su felonía? Doña Concepción no sabía que en el umbral de 2017 los delincuentes, los deshonestos y los malnacidos no se sienten avergonzados cuando son sorprendidos y descubiertos en sus felonías. No sólo tratan de evitar el castigo, lo que sería algo humanamente más que entendible. Los malvados ahora "denuncian una campaña de persecución". El conductor borracho se siente "perseguido" por la Guardia Civil, y también el maltratador, el político corrupto, el sinvergüenza y, cómo no el Exclentísimo y Magnífico. Otra pobre víctima del copia y pega del Word.

  Pero no es sólo que se trata de un acto indigno, sino que se trata de un acto de rapiña que perpetran los que están en una situación de poder respecto a los que no la tienen y sólo (pobres de ellos) tienen su talento, sus ideas (buenas o malas) su trabajo, su esfuerzo, sus ilusiones. 


  ¿Se permitiría el mismo comportamiento a un estudiante de esa misma universidad? ¿Cuántos buitres habrá en la ciencia, en la política en las artes, en el cine, en la literatura... planeando en los cielos en busca del talento del que carecen? ¿Cuántos hay olisqueando en blogs, en cortometrajes, en trabajos de estudiantes u otros colegas profesores y científicos? ¿Es esa la razón por la cual la conducta del Exelentísimo y Magnífico ha quedado impune? ¿Es por eso que ellos creen que no es para tanto?

  Pero por último, no es sólo que la conducta del Magnífico sea inmoral y que sea un robo del trabajo de los demás. Es que además es antisocial. Supone un desprecio público del trabajo de los demás, en un país a una generación escasa del analfabetismo y del hambre en el que el trabajo intelectual no está aún valorado. La opinión de un abogado vale tanto o menos que la del cuñado que se sacó unas asignaturas. La del médico como la de cualquier fulano acodado en un bar. Y de eso se deducen las consecuencias. Los maestros no valen nada. Los científicos no valen nada. Los traductores no valen nada. Los que saben algo de algo no valen nada, salvo los que dicen que saben todo de todo o dicen saber cosas que nadie sabe.  

  Se te abren las carnes al ver cómo se tratan estos asuntos en los lugares más civilizados en este aspecto. Detesto poner estos ejemplos, pero ¿cómo no acordarse del Ministro alemán de defensa forzado a dimitir cuando se demostró que plagió su tesis? ¿Cómo no acordarse de la ministra de educación alemana que dimitió por la misma causa? 

  Dentro de unos meses nadie se acordará de este asunto. En vez de meterse en la cama avergonzado, el sujeto del que hablamos ha convocado elecciones. Como diría un argentino, capaz que gana. Será Magnífico. Será Excelentísmo. Pero es sólo un copiota.

El humor está aquí, en alguna parte
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