26 febrero 2017

Ingeniosos e ingenieros

  Antes de que José Antonio Marina escribiera "Elogio y refutación del Ingenio" un tipo con diversidad funcional de apellido Cervantes escribió "El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha". Pasado el tiempo algunos decidieron (no digo yo que con mal criterio) que aquel libro era la cumbre de las letras castellanas y la primera novela moderna. Cervantes era además un buscavidas y un corrupto que se apropiaba del dinero que recaudaba con los impuestos, además de aprovecharse (presuntamente) del trabajo de sus hermanas. De modo que el ingenio, tanto de su criatura como del propio escritor, de alguna manera u otra ha marcado el carácter de este país.

  Decía Vladimir Nabokov en su curso de literatura europea que "La literatura es ficción. Calificar un relato de historia verídica es un insulto al arte y a la verdad. Todo gran escritor es un gran embaucador, como lo es la architramposa naturaleza". Pero los relatos tienen su propia vida y al final Don Quijote existe en forma de tascas, tabernas, mesones, nombres de quesos; y Cervantes en un instituto. 

  De modo que ingenio nunca faltó y aun hoy, ser ingenioso es una cualidad que está bien vista. Hasta los políticos dan su vida por hacer un buen chiste o un juego de palabras. Por ejemplo esta misma semana. El argumentario para defenderse del Partido Popular sobre su enésimo caso de (siempre supuesta) corrupción, esta vez en Murcia, decía así: "No es lo mismo meter la mano que meter la pata". Estoy seguro que el asesor/a de turno podía haber encontrado una frase mejor, pero se dejó arrastrar por el lado oscuro de la literatura, del ingenio. Digamos que es el lado bastardo del ingenio popular que se manifiesta hoy en día en centenares de memes y chistes que surgen como caracoles tras la lluvia después de cualquier tipo de acontecimiento. 

  El ingenio de Don Quijote reside básicamente en su locura o si se quiere (in dubio pro tarado) en su capacidad de ver la realidad de una manera diferente y acaso más lúcida de la que la ven los que vivimos sobre todo sabiendo que no es lo mismo el "barcos sin honra que honra sin barcos". Pero ingenio también alude a la capacidad para discurrir e inventar. Lamentablemente Don Quijote no inventó un nuevo pienso para Rocinante ni una manera más eficaz de limpiar la armadura. Ingenio también puede ser un artefacto y también designaba a las haciendas españolas en Cuba que procesaban la caña de azúcar. 

  Por desgracia las élites españolas decidieron alejarse de la ciencia y de la tecnología. Su alergia al desarrollo tecnológico sigue hasta nuestros días. Pese a la cháchara política en defensa de la ciencia y la innovación, el presupuesto dedicado a I+D+I ha bajado durante los últimos años. La fobia viene de lejos. Felipe II. En 1558 promulgó una pragmática ley con el propósito de endurecer la censura y, como dice Sánchez Ron, proteger a los súbditos de la herejía. La censura que ejerció el Santo Oficio incluyó en sus índices durante los años posteriores a muchos libros de ciencia publicados a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII dejando a España al margen de la herejía (gracias a Dios) y también de la Revolución Científica.

 Aún así, siglos más tarde surgieron ingenieros como Isaac Peral, inventor del primer submarino torpedero. De haber confiado en el ingenio de Peral, España podría haber obtenido una ventaja militar especialmente singular, pero como es sabido y pese al éxito de su cacharro, en 1888,el proyecto fue abandonado por las autoridades políticas y Peral públicamente desprestigiado. A principios del siglo XX se fundó en Barcelona la empresa de automóviles Hispano-Suiza que durante años fue considerado uno de los vehículos más lujosos y tecnológicamente avanzados de aquellos años. Dicen los expertos que el H6 era el mejor coche de su época. 

  Volvamos atrás. Felipe II no censura los libros científicos. Isaac Peral recibe el apoyo político para desarrollas su submarino y la Hispano-Suiza sigue un camino similar a la Renault o Citröen. Don Quijote ve en los molinos de viento gigantes, pero también observa que no mueven bien los brazos (tras derrotarlos en singular batalla, por supuesto) y decide crear un mecanismo para que los brazos se muevan sin parar pero sin oponer resistencia a los caballeros andantes. Volver atrás es imposible pero sí lo es revertir la alergia que tenemos a veces para comprender los problemas y hallar la solución ingeniosa y práctica. Que el ingenioso pueda ser también a su manera ingeniero. Luego, tiempo habrá para que tipos como yo vengan con sus chistes y retruécanos. 

Ilustración de Javier Zabala


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