16 abril 2017

Salmorejo y flamenquines

  La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, esa líder que se hace pasar por rubia tonta en sus reuniones con varones (por supuesto no es machismo) dijo hace unos meses que los madrileños pagaban la sanidad de los andaluces. Como se da la feliz circunstancia de que la Comunidad de Madrid solo se quiere independizar de Francia, la sangre xenófoba no llegó al río. Peor es por supuesto si lo dice un catalán, al que siempre se le aplica la agravante del fuet. Cierta política cuyo nombre no es menester recordar también hizo un comentario sobre el habla (para ella incomprensible) de los andaluces.

  En un artículo de Raúl Limón titulado "El andaluz como arma para desprestigiar" destacaba cómo todavía el acento de los andaluces servía de pretexto para desprestigiarlos, todo y que, el habla andaluza dista de ser defectuosa, además de que fue precisamente un andaluz, Antonio de Lebrija, quien como es sabido, redactó la primera gramática de la lengua castellana. 

  Sin embargo el estigma permanece. Como cita Limón, "durante años, los actores andaluces han tenido que aprender a ocultar su acento si querían optar a personajes relevantes en las obras. Lo mismo le ha ocurrido a los locutores y periodistas con presencia en medios audiovisuales, destaca el investigador de Sociolingüística Crítica en la Universidad de Huelva, Igor Rodríguez-Iglesias".

  Muchos de los tópicos que se asocian con lo español son en realidad estampas, por supuesto estereotipadas, de lo andaluz, que muchas personas perciben como el atraso, lo folclórico, lo pintoresco, lo flamenco y con más mala leche, la siesta, la charanga y la pandereta. 

  Pero si precisamente Andalucía ha sido capaz de crear por extensión los tópicos culturales es porque la potencia de la historia y de la cultura andaluza es incontestable, su patrimonio artístico y cultural apabullante y la nómina de genios de talla universal no puede rivalizar con cualquiera

  Quizá algún lector piense que todo este canto andaluz, no sé si jondo, se debe a motivos meramente profesionales. Es decir, que he sido contratado por la Junta de Andalucía, por alguna perversa diputación provincial de cualquiera de las ocho provincias, por el Ayuntamiento de Bormujos o por el Obispado de Granada. Tristemente no es así, pero no pierdo la esperanza de que alguien compre mis servicios (que además son rápidos y económicos). Pero mientras eso ocurre, escribiré lo que me apetezca, tanto guiado por mis malos instintos que me llevan un día a meterme contra los que quieren que permanezcamos calladitos y con la cabeza gacha, como por los buenos (un buen salmorejo en la panza y los arcos de la Mezquita de Córdoba, la Giralda, la Alhambra o la serranía de Cádiz) en el recuerdo.

La chiquita piconera. Julio Romero de Torres


El humor está aquí, en alguna parte
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3 comentarios:

  1. Que cite usted al gran Raúl Limón ya le carga de razón. Que muchos andaluces se mantengan en el tópico y desconozcan nuestra historia y nuestra cultura es la parte triste de esta historia.

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    1. Muchas gracias Cristina. El artículo de Raúl Limón es excelente.

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