19 marzo 2018

Vocabulario básico para expertos




Tradicionalmente ciertas profesiones se han ganado la vida haciendo creer a los demás que las cosas que decían no solo eran las más importantes sino que tenían un sentido más allá de lo que su público era capaz de comprender. Abogados, jueces, vendedores de cualquier cosa, trileros, economistas, matasanos, militares, loqueros y por supuesto clérigos y políticos eran los expertos tenedores en el manejo de un lenguaje tan pretendidamente elevado como estéril.

Ya durante los años al menos ochenta del pasado siglo surgió el imperativo de que uno ya no era solo uno, el tipo que desayuna, se va a trabajar, ríe, llora, come, defeca y ama sino un producto que debe ser vendido por uno mismo, de modo que se es a la vez objeto y sujeto en el mercado laboral, sexual, sentimental y social. Para ello era fundamental cambiar el nombre de las cosas y las personas. No me refiero a la práctica tan extendida de aplicar un anglicismo, como por ejemplo los fulanos que llaman "Summer Camp" a un campamento de vacaciones para niños sino a términos algo más elaborados. Los actores callejeros se transformaron en "performers" y los párrocos, como decía Camilo José Cela y en obispos auxiliares de grado de medio. 

Desde aquella época al año 2018 la sociedad ha avanzado hasta cotas que eran inimaginables como lo demuestra el eje del bien: Xi-Trump-Putin (que también podía ser la letra de cualquier canción de un grupo indie español). Por eso es necesario, más que necesario, imprescindible que si es usted uno de los que no maneja las palabras palangana las incorpore cuantos antes a su vocabulario. Su vida profesional y personal dependen de ello. Es eso o pertenecer a la tribu de los que jamás pone una "h" al verbo haber: la elección es suya. La presente relación es por supuesto incompleta, pero abarca al menos el 90% de sus necesidades. En caso de duda basta transformar cualquier vocablo en un anglicismo. Verbigracia: "Torneo de fútbol de chiquillos". " Beginners Soccer Cup". 

Transversal. Es inútil da una definición de transversalidad dado que por definición todo es transversal y si no lo es debería serlo o perecer en la hoguera de las universidades. Lo transversal atraviesa disciplinas, personas de la misma manera que antes lo holístico los incluía y lo multidisciplinar los reunía. Como la Santísima Trinidad es uno y trino. Padre, hijo y máster universitario. San Colectivo o San Comité. Si algo de lo que está haciendo no es transversal le anticipo que ya mismo que es una basura. Si no está haciendo nada, le recomiendo, aún tiene la esperanza de que sea una nada transversal.

Empoderar. Del inglés "empowerment", conceder poderes. En español también puedes conceder poderes. Es un trámite aburrido. Se va al notario, se pagan 60 euros y puedes dar poderes a Angela Merkel para que te venda la casa de la playa, pero no se trata de esto. Empoderar es un proceso místico de toma de conciencia previo a echar un par de los atributos que se deseen. Sin embargo,

Implementar. Hacer las cosas, así sin más, es de perdedores. Los ganadores o las implementan o no las haces, entonces las implementarán. Los triunfadores directamente consiguen que las hagan otros para luego afirmar que ellos las han implementado. Cuanto más se implementa más caro resulta. Se puede implementar desde una política para la preservación de los patos en el delta del río Monnegre hasta una una acción para vender vinos picados en China. 

Visibilizar. Si no te ven ¿para qué existes? Hubo un tiempo heroico en que se pensaba que las masas proletarias se hartarían de todo y tomarían a los poderosos por el pescuezo. Incluso lo hicieron. Pero ahora los pobres no son esas masan en peligro de ebullición sino lo que el sociólogo Jesús Ibañez llamaba "superfluos e irrelevantes". Hay que dejarse ver, estar, hacerse presente, tener mil millones de visitas, de followers, de haters. Es indiferente sacar el paso de la Virgen del Remedio o del coño insumiso. 

Diversidad. Diversidad cultural, diversidad funcional, diversidad competencial, diversidad religiosa. Le pones diversidad a lo que sea y es como el agua bendita. Yo mismo la empleo y cuánto más la uso menos la veo.

Herramientas y competencias. Ambos términos definen el Santo Grial de la excelencia educativa. Tanto si estás matriculado en un curso cutre para aparcar a los parados durante quinientas horas como si realizas un carísimo MBA. La transmisión de conocimientos, la educación se deja para la propaganda de los jardines de infancia. A los profesionales se les dota de herramientas y competencias que les serán muy útiles en la selva de la globalización. Pero solo los elegidos en el manejo del cincel podrán llegar a la excelencia y crear un" protocolo de actuación". 

Empatía/Asertivo. ¿Crees que te posee el maligno? Error. Es mucho peor. Lo que te sucede es que no tienes empatía. Tienes la afectividad de una lechuga. Comes pollo y ni siquiera te has parado a pensar en su familia, en su granja. ¿Tienes solución? Veremos como vas de asertividad. Conoces tus derechos y los defiendes pero respetas a los demás. Soy del Ku Klux Klan. Conozco mis derechos a vivir en una comunidad blanca y que ser recoja mi cosecha de algodón, pero comprendo tus reticencias de hombre oscuro. Dialoguemos mientras construyo esta cruz. ¿Tienes cerillas? 

Poner en valor. Entroncada directamente con la castiza expresión poner los cojones encima de la mesa, poner en valor es el comodín perfecto para justificar cualquier tipo de acción, reacción, inacción o presupuesto público. Vale tanto para iniciar como para concluir, si bien para lo primero es preferible "poner encima de la mesa". La aclaración es pertinente porque las mesas tienen cajones y a veces se pierden cosas en ella. Por otro lado, también hay cosas que se ponen debajo de la mesa, pero es más difícil "ponerlas en valor". Poner en valor es el colofón, la guinda del pastel conceptual.

Tolerancia cero. El chiste (malo) dice. Estoy a cero grados, no tengo ni frío ni calor. Para el poder, siempre tan sobreactuado no es suficiente con decir que no se va a tolerar algo sino que hay que cuantificarlo para enfatizar que se es paladín en la lucha contra la violencia de género, la pobreza, las corridas de toros o los raperos. Hablar de "tolerancia 0" implica que existe una tolerancia 0,001. ¿Pero sería aún más radical la tolerancia -2? En este caso el "cerotoloerante" es impostor del tipo del que hace las cosas desde el minuto "0", antes del Big Bang.

Ejemplos prácticos:

A- "Con la implantación de acción lo que se pretende es dotar de herramientas y competencias educando en la asertividad y la empatía y así como visibilizar y empoderar a los colectivos que trabajan en por de la diversidad  y la tolerancia cero así como poner en valor su actividad".

O bien:

B.- "Para poner en valor la diversidad se necesitan las herramientas y competencias necesarias que permitan visibilizar y empoderar la diversidad desde el marco de políticas que implementen políticas de tolerancia cero desde la óptica de la asertividad y la empatía".

O bien:

C.- Desde el marco de implementado pondremos en valor lo asertivo y diverso, añadiremos tres ñoras, dos dientes de ajo y reservaremos. Respecto al azafrán industrial mantendremos una postura de tolerancia cero. Una vez enfriado empoderaremos desde un punto de vista diverso".

O bien:

D.- Se empoderan tres ajos. Cuidaremos de que sean diversos. A ser posible un ajo de Ciudadanos y otro de la CUP. El primero estará lleno de pesticidas de última generación y el segundo rigurosamente ecológico regado con sangre sudor y lágrimas suizas. Una vez visibilizados en la sartén, experimentaremos por ellos empatía y nos sentiremos ajos trece minutos mediante la asertividad para luego implementar el caldo de pollo hecho de la víspera hasta que cueza, pues nuestra postura al pollo crudo será de tolerancia cero. Como estamos empoderados pondremos los ajos al servicio de nuestro guiso. Lo implementamos treinta minutos y ya está listo para ser puesto en valor, preferiblemente en una cazuela de barro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Gracias por tu comentario!